Como ingenieros industriales nos encanta trabajar en grupos. Muchas veces nos asignan el grupo de trabajo y nos tenemos que limitar a lograr que sea un grupo funcional. Sin embargo, según maduramos profesionalmente nos surgen oportunidades de escoger (o diseñar) nuestros grupos de trabajo. Desafortunadamente, debido a la complejidad de trabajar con personas, no existen reglas universales de cómo  diseñar grupos de trabajo. En este post reflexiono cómo diseñar grupos de trabajo funcionales.

A través de mi vida siempre he procurado no ser la persona que más sabe en un grupo, ya sea en mi lugar de estudios o trabajo. La lógica es simple, si soy el que más sabe en un grupo, ¿de quién voy a aprender? Tan pronto identifico que soy la persona (o una de las personas) que más sabe en un grupo, busco la manera de moverme a otro grupo que me dé oportunidad de crecimiento. Evidentemente es casi imposible ser la persona que más sepa de todos los temas en un grupo. A lo que me refiero es a conocimiento de aquello en lo que uno se especializa profesionalmente.

En mi experiencia, los mejores grupos se componen de personas que tienen estándares similares. La clave para convertir un grupo en un equipo es la confianza. Confianza implica que no cuestionamos lo que hacen los demás integrantes. Para tener confianza en otra persona necesitamos saber que los niveles de compromiso, competencia profesional, expectativas de calidad de trabajo, inteligencia emocional y valores personales cumplen con nuestro mínimo personal, que yo llamo nuestro estándar. Si todos tenemos el mismo estándar, cada uno puede hacer lo que cree que sea correcto sin perturbar a los demás integrantes. A este estándar común yo le llamo estándar del grupo. Evidentemente, lo más lógico es que el estándar de grupo lo defina el que diseña el grupo. El lector ávido posiblemente ya se percató que en su vida uno busca rodearse de personas con estándares similares a los de uno.

Entre las personas con los estándares grupales deseados, ahora necesitamos balancear las personalidades y los roles. Para esto, me aseguro de tener tanto personas que piensen (los pensadores) y que actúen (los hacedores, “doers” en inglés). Los pensadores son aquellos que están en un nivel de abstracción un poco más alto y tienden a operar a nivel estratégico o táctico. Por otro lado, los hacedores son las que trabajan a nivel operacional o con visión de día a día. Dependiendo el tamaño del grupo, procuro añadir al grupo personas que sean conciliadores, retadores y soñadores. Los conciliadores son los que velan por la unidad en el grupo. Los retadores son aquellos que se atreven a no estar de acuerdo o a no conformarse. Por último, los soñadores son aquellos que rompen paradigmas por su actitud de no limitarse. En mi opinión, ningún rol es más importante que otro, aunque de algunos roles son muy difíciles de satisfacer. Quiero resaltar que en mis grupos yo no busco líderes ya que cuando los integrantes se sienten a gusto en un equipo de trabajo, todos son líderes.

Los invito a pensar en grupos de trabajo funcionales y disfuncionales en los que ha trabajado. ¿Qué rol cumplía cada persona? ¿Qué les faltaba? Más aún, los invito a compartir esta reflexión con los integrantes de sus grupos actuales y que definan los roles de cada integrante.

Estoy tan convencido de mi forma de crear grupos que hasta pienso que el secreto para un buen matrimonio es combinación de un pensador(a) con un hacedor(a). ¡Piénselo! Bueno, aprovecho este momento para hacer la observación que las universidades está llenas de pensadores, soñadores y retadores, mientras que las industrias (incluyendo los consultores tradicionales) están llenas de hacedores y conciliadores. Me parece que en Puerto Rico es hora que la academia y las industrias consideren hacer una cita con intenciones de matrimonio. Si no sabe cómo comenzar, deme una llamada y serviré de matchmaker.

P.D. Agradezco a la Dra. Cristina Pomales (profesora de ININ en el RUM) por sus comentarios valiosos en este y cada uno de los posts que he escrito. Para los que no me conocen, yo soy el pensador y ella es mi hacedora.