Hace mucho tiempo escuché un profesor muy sabio decir que en algunas clases era maestro y en otras era profesor. Su filosofía cambió mi forma de ver la academia y al final del día influenció mi actitud en el salón de clase.

Antes de comenzar debo reconocer que muchas personas no permiten que les llamen maestro por razones religiosas (i.e., entienden que sólo hay un Maestro); posiblemente citando a Mateo 23:8 (gracias Google). En mi caso, que los que me conocen saben que la religión no está en mi filosofía de vida, pienso que han existido muchos Maestros (algunos iluminados y otros no tanto) por lo que el nombre maestro (en minúsculas) no me molesta. En este post nos referimos a un maestro como la persona encargada de enseñar en el salón de clase; el maestro como sinónimo de instructor.

Yo funjo de maestro en el salón de clase cuando estoy dictando un curso básico como probabilidades y estadísticas o análisis económico. Mi objetivo en estos cursos es que los estudiantes aprendan herramientas básicas. En este curso soy maestro (o instructor) porque les doy instrucciones de cómo utilizar las herramientas básicas. El maestro en mí da recetas matemáticas para usar las herramientas.

Por otra parte, soy profesor cuando dicto cursos avanzados. Como profesor hablo de lo que sé, lo que pienso y lo que siento. En mi opinión, para profesar necesito alumnos que ya tengan conocimiento para poder convencerlos en vez de confundirlos. Como profesor busco que el estudiante forje su propia visión, intuición y opinión luego de entender mi posición. Sólo debo profesar si soy un experto en el tema y los estudiantes están listos para ser expertos.

Un psicólogo diría que el maestro trabaja con el lado izquierdo del cerebro (el lógico y racional), mientras el profesor trabaja con el lado derecho del cerebro (el creativo y abstracto). Pienso que un buen profesor necesita alumnos con conocimiento previo (que posiblemente implica que han tenido buenos maestros). Si el alumno no tuvo buenos maestros, muy posiblemente no comprenderá a cabalidad la posición del profesor y se dirá a sí mismo que el profesor “se fue en un viaje”.

Nuestros profesionales necesitan tanto a los profesores como a los maestros. En realidad por cada profesor, cada estudiante debió haber tenido muchos maestros. Por eso es que a mí me preocupa tanto que en Puerto Rico los maestros de la escuela (i.e., preparatoria para nuestros amigos internacionales) se hagan llamar profesores. Entiendo que los maestros deben estar orgullosos de ser maestros. Tienen la oportunidad de enseñar a los jóvenes las bases del conocimiento. Los maestros de escuela nos dan la base que necesitamos para poder ser buenos profesionales; este es un privilegio muy grande.

Al final del día, reconozco que podré ser maestro del que quiera aprender y profesor del que quiera escuchar. Por eso quiero aprovechar para agradecer a todos mis maestros y profesores en la semana del maestro y decirles que no fue en vano su trabajo. Todo lo que sé me lo enseñaron ustedes – hasta el cómo enseñarme a mí mismo. Otro día hablamos de la diferencia de los profesores y los profetas.😉