Los profesionales vivimos una doble-vida; la vida profesional y la personal. Me refiero a la vida profesional como aquella que ocurre en tiempo de trabajo, que es diferente a lo que hacemos en nuestro tiempo personal. No es un secreto que hay personas que en su tiempo personal lo que hacen es trabajar (i.e., “workaholics”), mientras a hay otros en su tiempo de trabajo lo que hacen es atender sus asuntos personales (i.e., los vagos). Este post pretende reflexionar sobre ese delicado balance entre el tiempo de trabajo y el tiempo personal. La verdad es que la respuesta a esta pregunta no es tan sencilla como parece ya que el balance perfecto entre el tiempo de trabajo y el tiempo personal varía de acuerdo a la generación a la que pertenecemos. En general, la generación de “baby boomers” vive para trabajar; la generación X (GenX) trabaja para vivir; mientras los “millenials” tienden a no valorar tanto el trabajo, así que primero juegan y luego trabajan.

Como muchos de los lectores de este blog son estudiantes de ingeniería vamos a reflexionar en su desarrollo profesional y el sacrificio personal que conlleva. Comencemos en la etapa de la escuela. Mientras estamos en la escuela, nuestros padres nos obligan a tener metas profesionales (i.e., estudiar hasta graduarnos). Al terminar la escuela es que realmente comenzamos a tomar decisiones que afectan el balance en nuestras vidas. Muchos estudiantes de ingeniería (al igual que otros universitarios) optan por alejarse de su familia, pareja, amigos, iglesias, deportes y hasta sus hijos por tal de darse la mejor oportunidad de éxito a nivel profesional. Estos estudiantes hacen el verdadero sacrifico personal para poder desarrollarse profesionalmente. (En otro post podremos reflexionar sobre los beneficios, desventajas y opciones para reducir este sacrificio personal.) No es secreto que la vida de los estudiantes de ingeniería no está muy balanceada. Como estudiantes de ingeniería, sus vidas se enfocan casi exclusivamente en el desarrollo profesional; sacrificando enormemente el aspecto personal. El sacrificio en esa etapa de nuestras vidas se puede medir en tiempo sin hacer nuestro pasatiempo favorito, tiempo sin ver a la familia, o hasta en cantidad de peso adquirido. Mientras más agresiva nuestra meta profesional, más grande será el sacrificio requerido.

Una vez nos graduamos y nos convertimos en profesionales nos toca volver a escoger nuestra próxima meta profesional. En ese momento muchas personas pasan a “trabajar para vivir”, mientras otros parece que “viven para trabajar”. En realidad, este segundo grupo no “vive para trabajar” sino que trabaja para lograr sus metas profesionales y no tiene mucho tiempo personal como consecuencia. Este grupo es sin duda uno de los más incomprendidos por sus familias.  Un poco de aritmética basta para argumentar que si no hay emoción en el aspecto profesional, entonces estamos aburridos aproximadamente una tercera parte de nuestro tiempo. Permítanme ser un poco más dramático, estaríamos aburridos la mitad del tiempo que estamos despiertos. Esto no me parece calidad de vida. El problema es que mantenerse emocionado en el aspecto profesional se vuelve más difícil con el pasar del tiempo. Como consecuencia, asumimos responsabilidades más grandes, que a su vez requieren sacrificios personales mayores. Esta búsqueda recursiva de emoción profesional es la que hace que aceptemos posiciones gerenciales, que busquemos liderato en organizaciones profesionales y la que si no se frena a tiempo crea “workaholics”.

Varias personas me han preguntado qué yo hago para balancear mi doble-vida. Les prometo compartir mi secreto de cómo mantener una vida balanceada con lujo de detalle en el próximo post para que no se quejen los lectores exigentes de que el post está muy largo. La receta que les daré es la que yo utilizo para vivir mi vida a plenitud. Les adelanto que mi estrategia requiere reconocer que la vida está compuesta de etapas y que lo más importante es sincronizar nuestras metas profesionales y personales con cada etapa. O sea, si es cierto que desarrollo profesional puede implicar sacrificio personal; también es cierto que muchas veces el desarrollo personal va a requerir sacrificio profesional.

Le quiero dedicar este post a los padres de nuestros estudiantes de ingeniería que a menudo sufren junto a sus hijos el sacrificio personal que conlleva su desarrollo profesional. Sus hijos viven preocupados de que no pueden sacar el tiempo que quisieran para ir a verlos o para llamarlos tanto como quisieran. Lo mejor que pueden hacer por sus hijos es que cada vez que hablen con ellos les digan que entienden el sacrificio que ellos están haciendo, que los apoyan incondicionalmente en sus metas y que están orgullosos de ellos. Por último, no vendría mal que un sábado o domingo al mes los visiten y los inviten a comer aunque sea solamente por una hora. ¿Porqué siempre son ellos los que tienen que viajar? Sólo recuerden AVISAR con anticipación. De hecho, estoy considerando montar un hospedaje para padres dentro de la universidad; ¿qué creen?

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