Recientemente sorprendí a mis amigos en Facebook cuando anuncié que había decidido comenzar a jugar Candy Crush. Para muchos Candy Crush es simplemente un jueguito tonto donde se busca pegar tres o más dulces del mismo color para alcanzar diferentes metas. Otros dicen que es una versión de Bejewled o Jewels Star con mucho mercadeo. Sin embargo, luego de haber completado sobre 70 niveles de Candy Crush (¡sin molestar a ningún amigo, ni invertir un centavo!), mi perspectiva del juego ha cambiado completamente. De hecho, esta semana se me ocurrió que debo solicitar créditos de educación continuada por el tiempo dedicado a Candy Crush. Abajo les incluyo el borrador de la carta que estoy considerando enviar para solicitar los créditos.

 

[FECHA]

A quien pueda interesar,

Por este medio deseo formalmente solicitar a [ENTIDAD PROFESIONAL A LA CUÁL SOLICITA LOS CRÉDITOS] la convalidación de créditos de educación continua por las destrezas profesionales adquiridas luego de [NÚMERO DE HORAS JUGADAS] jugando Candy Crush por el desarrollo de destrezas adquiridas en el proceso. Adjunto se incluye evidencia de los niveles aprobados, para los cuales no he recibido ayuda, ni he gastado dinero propio o ajeno y no he pedido ni recibido vidas adicionales que no sean por auto-regeneración. A continuación describo las lecciones profesionales empleadas en Candy Crush, lo que hará evidente su contribución a mi desarrollo profesional.

Las primeras lecciones en Candy Crush son la de Autocontrol y Paciencia. Como es de conocimiento popular, Candy Crush nos limita a cinco vidas, donde cada vida tarda media hora en regenerarse. Una vez se agotan las cinco vidas se nos presentan tres opciones: comprar más vidas para continuar jugando inmediatamente, pedirle vidas a nuestros amigos, o simplemente esperar a que se regeneren las vidas. Esta experiencia de autocontrol se intensifica cada vez que completamos un mundo dado que en ese momento uno tiene las opciones de comprar acceso inmediato al próximo mundo, solicitar ayuda de los amigos o completar tres niveles especiales, esperando 24 horas entre ellos. Dado que no he invertido dinero en el juego, ni he pedido ayuda a mis amigos, este juego ha sido una experiencia individual de autocontrol y paciencia. Aunque en la vida profesional hay veces que es meritorio pagarle a alguien para que nos ayude a resolver inmediatamente (e.g., un consultor) o pedirle ayuda a los compañeros (aunque no es apropiado cuando estamos siendo egoístas al hacerlo), muchas veces dependemos demasiado de estas opciones en vez de tomarnos el tiempo para pensar estratégicamente o adquirir destrezas nuevas.

El pensamiento estratégico es otra lección aprendida en Candy Crush. Para ser exitoso en el juego, es necesario desarrollar una estrategia general que pueda ser adaptada para cada nivel. En general, todos los movimientos tienen que ser planificados varios movimientos anticipados, de acuerdo con el objetivo del nivel. En Candy Crush necesitamos hacer movimientos en un lado del tablero para ayudarnos en el otro. En la vida profesional, esto nos acuerda que para lograr nuestro objetivo es necesario hacer movimientos estratégicos en otras áreas o proyectos que no parecen estar relacionados con nuestro objetivo. Candy Crush también nos obliga a desistir de hacer movidas pequeñas inmediatamente, para convertirlas en movidas significativas posteriormente. Ese pensamiento de lograr cultivar cosas pequeñas para convertirlas en grandes es sumamente importante ya que nos ayudaría a mejorar la competitividad de nuestro país. (Nota: De las pocas cosas en Candy Crush que no parecen representar la realidad en una empresa es que los movimientos que se hacen abajo en el tablero tienen efectos mayores arriba. Evidentemente, estamos acostumbrados a que movimientos que se hacen arriba en la jerarquía son los que afectan a los de abajo.)

Otra lección desarrollada mediante la práctica en Candy Crush es la de asertividad debido a que muchos niveles tienen un número finito de movidas permitidas y una vez las movidas son hechas no se puede volver atrás. Similarmente, Candy Crush nos enseña a enfrentar retos ya que muchos niveles inicialmente parecen imposibles de completar. Candy Crush también nos enseña perseverancia dado que es parte integral del juego el continuar intentando los niveles hasta lograrlos.

Al igual que en la vida real, para ser exitoso en Candy Crush se necesita una combinación de destrezas y suerte. El juego también nos enseña a adaptarnos constantemente lo que es vital para el éxito profesional. Por último, y no menos importante, Candy Crush es una forma de continuar aprendiendo (i.e., “life-long learning”) practicando destrezas y reflexionando aunque sea metafóricamente.

En resumen, el tiempo que he dedicado a jugar Candy Crush me ha enseñado autocontrol, paciencia, pensamiento estratégico, asertividad, a enfrentar retos, perseverancia, adaptación y aprendizaje continuo. Desafortunadamente, luego de estudiar cuidadosamente todos los talleres recientes ofrecidos por su institución para desarrollo profesional, no pude encontrar uno que se enfocara en el desarrollo de las destrezas en las que puedo profundizar jugando Candy Crush. Por tal motivo, y muy respetuosamente, solicito la convalidación de créditos de educación continua por el tiempo dedicado a jugar Candy Crush. Espero ansiosamente su respuesta a [EMAIL].

 

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Espero que después de publicar este post no me cuestionen tanto porqué por las noches me entretengo jugando Candy Crush. Al escribir este post sólo puedo pensar en mi querida hermana diciéndome que los ingenieros siempre buscan la forma de quitarle lo divertido a las cosas. Algún día ella entenderá que no es que le quitamos lo divertido a las cosas, es que nos divertimos de una forma diferente. (NOTAS IMPORTANTES: (1) Candy Crush es una marca registrada; (2) Si alguien se atreve a enviar la carta, una versión de ella, o recibió esta carta solicitando que usted apruebe créditos de educación continua, por favor déjenos saber la respuesta; (3) Agradecería que me dejen de enviar peticiones para que les regale vidas en Candy Crush por Facebook – ¡simplemente no va a pasar!).