La última conferencia que asistí tenía algo que nunca olvidaré. Uno de los oradores principales se hacía llamar X. Sí, X, ese era el nombre en el programa de la conferencia. Evidentemente, ese no es el nombre de pila del orador. Al principio me incomodó un poco que esta persona no diera su nombre real ya que sentía que no estaba tomando la conferencia en serio. Pero la realidad que X hizo su trabajo bien y lo único raro (además de su recorte) era su nombre. La reflexión que llevo haciendo desde entonces es: ¿Por qué usamos nuestros nombres reales en el ambiente profesional? ¿Qué cambiaría si usáramos pseudónimos (a.k.a., pseudonombres o aliases) en el ambiente profesional? ¿Cuál sería el mío?

En mi subconsciente, cuando alguien usa un pseudónimo es porque necesita protegerse (e.g., hackers de sombrero negro, activistas sociales revolucionarios, actores porno) o porque está actuando como un personaje (e.g., cantantes y luchadores). Hay otros que les dan el pseudónimo como Buddha (a Siddhārtha Gautama) o Madre Teresa de Calcutta (a Agnes Gonxha Bojaxhiu), pero dudo que ellos lo usen. Pero, ¿qué tal si todo el mundo utilizara un pseudónimo en el ambiente profesional? Imagínese explicar que se tiene que quedar tarde en el trabajo para terminar el proyecto con Hulk, Trabajo_pa_vivir, me109cita y Anónimo29021995. O imagínese tener una cita con su dentista Dr. Sakakaries. ¡Les presento a su nuevo presidente Erla Drón! OK, tal vez este asunto de los pseudónimos necesite un poco de regulación; no debe ser para todos los profesionales, tienen que ser nombres con un formato particular y no debemos hacernos llamar por nuestros pseudónimos en persona.

Compartí esta idea a tono de broma con un/a colega. Estábamos hablando de que algunos investigadores publican artículos escribiendo su nombre de forma diferente, lo que crea un problema a la hora de determinar el impacto del investigador. Esto ocurre por ejemplo cuando las personas se cambian el apellido al casarse o divorciarse, cuando comienzan utilizando caracteres particulares de un lenguaje y luego se cansan o cuando usan dos apellidos. En ese momento de la conversación le pregunté por qué los investigadores no utilizábamos pseudónimos al escribir los artículos científicos. Su respuesta me dejó patidifuso; me dijo que eso nunca ocurriría por el gran ego que tenemos los investigadores. Continuó diciendo que los investigadores se fajan toda su vida tratando de hacer un nombre y que incluso yo no lo haría (implicando que mi ego no me dejaría y que el suyo tampoco).  De más está decir que me dejó pensando. ¿Realmente aceptaría publicar bajo un pseudonombre? ¿Espera, lo estoy pensando? Tal vez es cierto lo del ego… Pero si nosotros publicamos por el bien de la ciencia, ¿por qué es importante que sepan mi nombre de pila? Total, yo si sería ambos (yo y mi pseudónimo); me pasaría igual que Mario Moreno Reyes que no sabía cuándo era él y cuándo era Cantinflas.

Resolví mi conflicto interno de forma Salomónica; me dije que si fuera a comenzar mi carrera nuevamente hubiese utilizado un pseudónimo, que mi ego no se interpondría. Sé que esto realmente quiere decir que no estoy convencido, pero bastó para poder dormir. Sin embargo, hace poco me encontré con una de mis estudiantes de Maestría que ahora está haciendo su doctorado y le comenté el concepto. Para mi sorpresa, ella me dijo que ya lo tenía en mente hacerlo. Desde que comenzó su doctorado ella creó su pseudónimo “Académique Rose” con página de Facebook, canal de You Tube y todo. Su objetivo inicial era que uno pudiese experimentar la vida de una estudiante doctoral a través de ella. Claro, todo se hace mucho más interesante cuando es una Boricua que está haciendo un doctorado en Montreal en Francés. Lo importante es que Académique Rose pretende firmar en sus publicaciones con su pseudónimo. Esto crea un reto interesante ya que si firma con su pseudónimo la citarán como A. Rose. Pero qué tal si ella usa el pseudónimo @aRose o algo así. ¿Cómo se citará en las referencias?

¿Qué pseudónimo yo hubiese escogido? Se me ocurren muchos pseudónimos, pero no puedo estar seguro que será un buen nombre el resto de mi vida. Creo que de tener que escoger un pseudónimo de investigador utilizaría un acrónimo; algo como AQS (adivina quién soy) o CSC (Calidad sobre Cantidad). La verdad que esto de escoger un nom de guerre es más difícil que escoger un tatuaje.

Atentamente,

Seudónimo Sinp

P.D. Mi madre aún no me perdona que no utilizo su apellido como parte de mi nombre profesional. El problema no es que no esté orgulloso de mi segundo apellido, le explico, el problema es que tiene un acento. ¿En realidad quiero que las diferentes culturas traten de citarme como H.J. Carlo-Colón? Los latinos le quitarán el guion (porque saben que es artificial) y lo pondrán separado, los anglosajones no pondrán el acento ya que no lo usan y otros por vagos usarán sólo el primer apellido. Total, el nombre así no cabe ni en un portanombre.


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